Por Lizaida Torres Montalvo
Comunicadora Social y Educadora
Puede ser que hayas planificado tu embarazo o tal vez te haya tomado por sorpresa, pero la realidad amiga, es que cuando recibimos esa gran noticia, nuestro ser muta inmediatamente. Sí, cambia, comienzan pensamientos que no habíamos pensado o que pensamos y nos sorprendieron, y lo más interesante es que muchas veces nuestra reacción es diferente a la que imaginábamos. Por ejemplo: “Cuando quede embarazada, invitaré a mi esposo a un restaurante…. Cuando quede embarazada nos iremos de segunda luna de miel y allí, se lo diré… cuando quede embarazada haré una fiesta sorpresa y allí daré la gran noticia” La realidad es que la sorpresa no las llevamos nosotras mismas y como no sabemos que hacer, agarramos el celular y al primero que llamamos es a nuestro esposo para decirle “Adivina qué, vas a ser papá”.
De inmediato se nos despiertan los sentimientos y la alegría se confabula con la nostalgia y comienzan nuestras lágrimas a brotar, por la emoción tan inmensa que comienza a experimentar la futura mamá. Pero luego la incertidumbre hace su aparición y ni se diga del miedo, que nadie lo ha invitado. Pero ¡Qué bueno!, que están todos esos sentimientos y muchos más., ¿Sabes por qué? Porque nos están comunicando que desde ya, vienen unos cambios y nos tenemos que preparar.
Tengo dos niñas hermosas y recuerdo cuando me embaracé de la primera, yo estaba esperando la menstruación, como lo hacemos TODAS, esperando a esa amiga fiel que nos visita mensualmente, pero que decide no llegar, esa que se atrasa y que pensamos que en los próximos días aparecerá.
Recuerdo que estaba sentada, bien tranquila y una señora a quien había conocido hacía algunos meses, y quien tenía cara de pocos amigos, me dijo: ”yo creo que tu estás “preñá” y yo le respondí: “¿Qué? Y por qué usted dice eso” a lo que me respondió, “porque tienes cara de preña”.
Honestamente le resté importancia, pero mi amiga no llegaba y decidí hacerme la tradicional prueba casera para comprobar que estaba ciento por ciento bien “preña”.
Entonces… sí que comenzaron todos los sentimientos a aflorar. ¡No lo podía creer! Miré la prueba una y otra vez, le pedí a mi esposo en aquel momento que me pellizcara, brinqué en la cama como una loca de la alegría y después me preguntaba pero ¿Cómo me embaracé? Que interesante… pues claro, si estaba practicando. Entonces llegó Lianís.
Para mi segunda princesa…mmm.. que historia. Cuando me enteré que iba a tener otro bebé mi vida dio un giro de 180 grados. Ya me había hecho la dolorosa idea de que mi niña mayor, quien ya tenía 5 años, no tendría más hermanos, pues yo estaba sola en ese momento. Entonces llegó Mariana Sofía.
¡Qué hermoso!, el amor de madre es tan incondicional, tan grande, tan puro, tan maravilloso, que nunca hubo diferencia en mi ser, de que mi hija mayor fuera dentro de un matrimonio y en algún momento esperada y que mi chiquilindrina, llegara a mi vida, de una relación fugaz y un embarazo que pasé sola.
Pero cuando me enteré que estaba embaraza de Sofía, ya yo lo sabía, pues en la primera vez que estuve con su papá, me embaracé y ya cuando mi amiga decidió no aparecer ese mes, ya no había más que buscar.
¡Fue hermoso! ¡Fue duro! ¡Fue doloroso! Y sé que todas las mujeres que han vivido una historia similar a la mía se identifican.
Cuando conocemos el verdadero significado del amor, ese amor de madre incondicional, que va más allá de todo entendimiento, capaz de superar cualquier obstáculo por sacar a nuestros hijos hacia delante, y en el cual no existe adversidad que no podamos superar, es cuando nos damos cuenta que estamos, las madres, bien cerquita de Dios.
Amen a sus hijos, vivan cada momento de su embarazo, sin importar si están solas, si el dinero no da, si nos rechazan. La vida es tan justa que recompensa el amor de una madre y nunca faltará en el camino gente maravillosa que te dé la mano. ¡Adelante!
agosto 2009
Comunicadora Social y Educadora
Puede ser que hayas planificado tu embarazo o tal vez te haya tomado por sorpresa, pero la realidad amiga, es que cuando recibimos esa gran noticia, nuestro ser muta inmediatamente. Sí, cambia, comienzan pensamientos que no habíamos pensado o que pensamos y nos sorprendieron, y lo más interesante es que muchas veces nuestra reacción es diferente a la que imaginábamos. Por ejemplo: “Cuando quede embarazada, invitaré a mi esposo a un restaurante…. Cuando quede embarazada nos iremos de segunda luna de miel y allí, se lo diré… cuando quede embarazada haré una fiesta sorpresa y allí daré la gran noticia” La realidad es que la sorpresa no las llevamos nosotras mismas y como no sabemos que hacer, agarramos el celular y al primero que llamamos es a nuestro esposo para decirle “Adivina qué, vas a ser papá”.
De inmediato se nos despiertan los sentimientos y la alegría se confabula con la nostalgia y comienzan nuestras lágrimas a brotar, por la emoción tan inmensa que comienza a experimentar la futura mamá. Pero luego la incertidumbre hace su aparición y ni se diga del miedo, que nadie lo ha invitado. Pero ¡Qué bueno!, que están todos esos sentimientos y muchos más., ¿Sabes por qué? Porque nos están comunicando que desde ya, vienen unos cambios y nos tenemos que preparar.
Tengo dos niñas hermosas y recuerdo cuando me embaracé de la primera, yo estaba esperando la menstruación, como lo hacemos TODAS, esperando a esa amiga fiel que nos visita mensualmente, pero que decide no llegar, esa que se atrasa y que pensamos que en los próximos días aparecerá.
Recuerdo que estaba sentada, bien tranquila y una señora a quien había conocido hacía algunos meses, y quien tenía cara de pocos amigos, me dijo: ”yo creo que tu estás “preñá” y yo le respondí: “¿Qué? Y por qué usted dice eso” a lo que me respondió, “porque tienes cara de preña”.
Honestamente le resté importancia, pero mi amiga no llegaba y decidí hacerme la tradicional prueba casera para comprobar que estaba ciento por ciento bien “preña”.
Entonces… sí que comenzaron todos los sentimientos a aflorar. ¡No lo podía creer! Miré la prueba una y otra vez, le pedí a mi esposo en aquel momento que me pellizcara, brinqué en la cama como una loca de la alegría y después me preguntaba pero ¿Cómo me embaracé? Que interesante… pues claro, si estaba practicando. Entonces llegó Lianís.
Para mi segunda princesa…mmm.. que historia. Cuando me enteré que iba a tener otro bebé mi vida dio un giro de 180 grados. Ya me había hecho la dolorosa idea de que mi niña mayor, quien ya tenía 5 años, no tendría más hermanos, pues yo estaba sola en ese momento. Entonces llegó Mariana Sofía.
¡Qué hermoso!, el amor de madre es tan incondicional, tan grande, tan puro, tan maravilloso, que nunca hubo diferencia en mi ser, de que mi hija mayor fuera dentro de un matrimonio y en algún momento esperada y que mi chiquilindrina, llegara a mi vida, de una relación fugaz y un embarazo que pasé sola.
Pero cuando me enteré que estaba embaraza de Sofía, ya yo lo sabía, pues en la primera vez que estuve con su papá, me embaracé y ya cuando mi amiga decidió no aparecer ese mes, ya no había más que buscar.
¡Fue hermoso! ¡Fue duro! ¡Fue doloroso! Y sé que todas las mujeres que han vivido una historia similar a la mía se identifican.
Cuando conocemos el verdadero significado del amor, ese amor de madre incondicional, que va más allá de todo entendimiento, capaz de superar cualquier obstáculo por sacar a nuestros hijos hacia delante, y en el cual no existe adversidad que no podamos superar, es cuando nos damos cuenta que estamos, las madres, bien cerquita de Dios.
Amen a sus hijos, vivan cada momento de su embarazo, sin importar si están solas, si el dinero no da, si nos rechazan. La vida es tan justa que recompensa el amor de una madre y nunca faltará en el camino gente maravillosa que te dé la mano. ¡Adelante!
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